A Messi no le gusta mirar sus partidos, ni se recrea mucho con las imágenes de sus goles a excepción seguramente del que marcó en la final de la Champions en el Estadio Olímpico de Roma en 2009, cuando en su vuelo, después de cabecear la pelota, se le cayó la bota de su pierna derecha mientras dejaba boquiabierto a Van der Saar, el portero del Manchester United, el equipo entonces de Cristiano Ronaldo.

La famosa compañía de circo se arriesga incluso por momentos a perder su carta de naturaleza para convertir al 10 en un Dios. El ejercicio es titánico y hasta puede que sonroje al propio Lionel Messi. El futbolista correspondió a la adulación cuando salió a aplaudir a los intérpretes al final del estreno celebrado este jueves en el Parc del Fórum de Barcelona. Aunque irregular, el espectáculo se recrea en el universo de Messi.

Le Cirque du Soleil aprovecha la condición de solista del 10 del barcelona para ofrecer algún número que hace posible lo imposible, como ocurre con el contorsionista que juega con su cuerpo como si fuera de goma, o si se quiere un cubo de Rubik, una manera de ridiculizar las lesiones y también de dividir la invulnerabilidad del crack argentino.

Hoy es el circo el que se rinde a Messi para honra también del Barça. Todo queda impregnado por la fragancia del 10. Hay quien tiene una oda dedicada, también un poeta como Comadira glosó a Guardiola; son muchas las canciones dedicadas a los jugadores; y se podría escribir un libro sobre la relación del jazz con el fútbol y el Barça.